Para Oropesa, mantener ese legado es “enriquecer el acervo musical creado por Piñeiro, pues amamos su música, la disfrutamos y la defendemos por su riqueza espiritual, su carácter patrimonial y por ser portadora de la más auténtica cubanía”.
Y agrega que todos los músicos que han pasado por el septeto (los vivos y los muertos) se han considerado hijos de Piñeiro, quien no tuvo descendencia.
Saben que viven en una industria sonora muy diferente, pero están convencidos de que “el esfuerzo máximo radica en preservar y enriquecer la música patrimonial. Las modas son pasajeras. Lo folclórico ha superado las fronteras del tiempo, es lo popular de su tiempo y se queda en el corazón de los pueblos”, sigue.
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